
Roberto Micheleti, o gorileti (por ser un sucio gorila y ponerse al servicio de reales gorilas) como le llaman, es un payaso ambicioso y oportunista. Quiso ser presidente de Honduras a como diera lugar y lo logró, en virtud de convertirse en una marioneta de intereses espúreos. Pero lo logré, dirá él.
A propósito de la celebración del día del soldado hondureño a los pocos guardias que le huelen los fundillos, los puso en filas, para entregarles medallas de lata y los llamó patriotas. Realmente, el soldado de Honduras, como el militar de todos los países, merecen medallas de oro y no de lata, cuando dignifican su conducta patriótica con inteligencia. Pero cuando se ponen al servicio de lo peor y son manipulados en nombre de una obediencia sin legitimidad, para patear con sus botas los mejores intereses de la población, y ensuciar sus fusiles con la sangre de mártires provocados por ellos mismos, y con las heces de sus jefes de turno, lo que merecen es el desprecio de sus connacionales. Y también merecen ser anotados en listas discriminatorias según la categoría de sus crímenes identificables, para luego ponerlos en filas y cobrarles las deudas. Y al mismo tiempo, arrancarles con violencia los uniformes mancillados. Como también, obligarlos a identificar a quienes les dieron las órdenes del deshonor que no se atrevieron a dar la cara y los colocaron a ellos delante.
En el caso, no habría que comenzar por identificar a Gorileti, porque él es sólo un títere grotesco claramente y para siempre identificable, pobre hombre. Identificaríamos a quienes no dan la cara y que se valen de gente como Gorileti como careta indigna. Los intereses de las multinacionales con sus nombres, y los de las familias usurpadoras hondureñas que desde siempre, aliados con esas multinacionales y heredando sus rastros, se reparten el Producto Interno Bruto de ese país, como si fuera la cosecha de su propia finca, dejando en el hambre, la pobreza y el atraso a los verdaderos hacedores de la riqueza en Honduras: la población que rompe brazos para sobrevivir, todos los días, la sociedad, en general.
Estos soldados que aplastan a sus semejantes en las calles, sin saber por qué lo hace, sólo por obedecer como ignorantes unas órdenes de bestias superiores, merecen la distinción, sólo para tenerlos presente cuando tengan que pagar esta deuda denigrante.
Ese tiempo vendrá, cuando los hondureños quieran y se dispongan. Que no quepa ninguna duda.
Los rostros sucios de norteamérica
El senador Jim DeMint y los congresistas republicanos Doug Lamborn, Aaron Schock y Peter Roskam hablaron un largo rato con Micheletti, los jueces de la Corte Suprema, del tribunal Supremo Electoral y con los principales candidatos presidenciales de las elecciones de noviembre próximo. La mayoría de las personas con las que hablaron son las mismas que fueron sancionadas por su gobierno y el presidente Barack Obama por considerarlas cómplices y responsables del golpe de Estado.
Para dejar en claro que los cuatro sonrientes legisladores no representan el sentir de las instituciones norteamericanas, un grupo de congresistas demócratas envió una carta al Congreso hondureño. “El gobierno de Estados Unidos tiene una posición: un llamado reiterado al diálogo entre ambas partes que cuente con el respaldo del Acuerdo de San José, que incluye la restitución del presidente Zelaya”, recordó el texto, firmado por seis congresistas de la bancada de Obama, entre ellos el miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, Bill Delahunt. A pesar de sus esfuerzos, la dictadura hondureña sigue aislada.

