La más reciente víctima es el presidente de Paraguay, ex obispo católico Fernando Lugo, quien con un gobierno de relativa minoría en los organismos institucionales batalla para capturar los instrumentos de decisión en su país, después de 60 años de estar secuestrados por lo peor en Paraguay, los grupos mezquinos que controlan la economía y ganancias y sólo constituyen el 3 por ciento de la población, contra el 97 por ciento que vive en la pobreza y el desamparo social. Se le quiere rebajar con una campaña de que tuvo un hijo con una mujer que conoció desde los 16 años, ella siendo novicia que es un rango religioso antes de consagrarse como monja católica. El niño tendría hoy dos años de edad, lo que quiere decir que de ser cierto nada tendría de anormal, puesto que Lugo para esa fecha ya no tenía compromisos religiosos con el celibato obligatorio que los curas se imponen. El tema se debate en Paraguay, queriendo hacer del mismo desde la oposición un tema institucional, político y de estado, cuando a lo sumo sería un asunto personal de Lugo.
A Manuel (Mel) Zelaya, que impulsa reformas y criterios diferentes en Hondura, la vieja presa de los norteamericanos en Centroamérica, nada menos que un ex subsecretario de estado en los Estados Unidos de apellido Reich, quiere involucrarlo en una cuestión de comisiones y contratos irregulares con los que no tiene que ver.
Lo de Cuba es tradición y no tiene madre. Ahora resulta que el viejo dicho ilógico de que Fidel y Raul su hermano, hoy en la presidencia ante la imposbilidad de estarlo Fidel, tienen contradicciones y recelos.
A Evo Morales le tienen varias campañas difamatorias en marcha en Bolivia, quienes no han podido con el indio y su peso específico para impulsar los cambios redentores en ese país.Correa, en Ecuador, Hugo Chávez, en Venezuela, y pór ahí viene Mauricio Funes, en El Salvador.
Es una vieja treta, esa de la difamar para que algo quede...

