Que nadie se rinda
Es evidente que la dictadura militar, careta de los intereses norteamericanos y de los Guacanagarixes, que en Honduras como en todas partes, ha sido derrotada en el tiempo. La población hondureña, su sociedad de base, ha dicho lo que quiere por encima de la represión y el crimen ejecutado por militares y policías, pero ordenado por civiles y la trascendente fuerza detrás de los muros de las bases norteamericanas en ese país.
El protagonismo de Manuel Zelaya, el presidente que se niega a ser derrocado y que por ello corre todos los riesgos avalado por la solidaridad de lo mejor de Honduras y de todo el mundo, pero que para los monigotes que sirven de voceros a los peores intereses de los norteamericano es torpeza, deseo de actuación y necedad, ha hecho imposible su desplazamiento hacia el olvido. Todo lo contrario, Zelaya ha labrado su sitial en la proyección histórica de la lucha de los pueblos latinoamericanos por su libertad y autonomía.
Gracias a Brasil, gracias a Venezuela, gracias a Cuba, gracias a Europa. Gracia al mundo entero, la oscuridad no se impondrá en Latinoamérica. Ahora, ni nunca.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
lunes, 28 de septiembre de 2009
ESTADOS UNIDOS APOYA GOLPE CON HIPOCRESÍAS
Así ha sido siempre. Sólo cuentan sus intereses económicos...
Lo que está ocurriendo en Honduras, un pueblo masacrado por botas militares con la careta de vagabundos burócratas y oportunistas políticos cuenta totalmente con el apoyo de los Estados Unidos de Norteamérica. Ya no lo pueden ocultar con declaraciones mediatinta, ni con las caretas disímiles con que han querido ocultarse por la acción antidemocrática de sacar a Manuel Zelaya de la presidencia de Honduras.
Zelaya, el presidente derrocado, es quien tiene la culpa de todo. Y también quienes los Estados Unidos entienden que están detrás del gobernante destituido: dígase Chavez, Fidel Castro y demás.
Lo cierto es, sin embargo, que la circunstancia provocada por los norteamericanos en Honduras ha servido para ver a su través al gobierno de Barack Obana. Un hombre que no podrá evadir la carga histórica de los intereses más espúreos del sistema norteamericano.
De todos modos, sobrevivirá la esperanza de que como tantas veces ha ocurrido, el pueblo de Honduras sepa levantarse y aplastar a los hondureños malvados junto con todos quienes los respaldan, empezando con los trogloditas que imponen su voluntad al gobierno de los Estados Unidos. Históricamente ha ocurrido así.
Lo que está ocurriendo en Honduras, un pueblo masacrado por botas militares con la careta de vagabundos burócratas y oportunistas políticos cuenta totalmente con el apoyo de los Estados Unidos de Norteamérica. Ya no lo pueden ocultar con declaraciones mediatinta, ni con las caretas disímiles con que han querido ocultarse por la acción antidemocrática de sacar a Manuel Zelaya de la presidencia de Honduras.
Zelaya, el presidente derrocado, es quien tiene la culpa de todo. Y también quienes los Estados Unidos entienden que están detrás del gobernante destituido: dígase Chavez, Fidel Castro y demás.
Lo cierto es, sin embargo, que la circunstancia provocada por los norteamericanos en Honduras ha servido para ver a su través al gobierno de Barack Obana. Un hombre que no podrá evadir la carga histórica de los intereses más espúreos del sistema norteamericano.
De todos modos, sobrevivirá la esperanza de que como tantas veces ha ocurrido, el pueblo de Honduras sepa levantarse y aplastar a los hondureños malvados junto con todos quienes los respaldan, empezando con los trogloditas que imponen su voluntad al gobierno de los Estados Unidos. Históricamente ha ocurrido así.
sábado, 26 de septiembre de 2009
LAS DOMESTICAS DE ZELAYA Y SU SINCERIDAD
Zelaya, en el tocador de señoras
Partidarios del presidente hondureño defienden sus símbolos en una guerra desigual contra los golpistas
PABLO ORDAZ (ENVIADO ESPECIAL) - Tegucigalpa - 27/09/2009
Aquel último domingo de junio, en cuanto los golpistas llegaron a la Casa Presidencial, abrieron las estancias, escudriñaron el doble fondo de los cajones, buscaron con urgencia pruebas que atenuaran su fechoría. No es difícil imaginar su regocijo cuando, detrás de una puerta cerrada con llave, se encontraron de frente, mirándoles con una sonrisa bajo su gran mostacho negro, una estatua del presidente que acababan de sacar del país a punta de pistola. Allí tenían la prueba de que Manuel Zelaya buscaba perpetuarse en el poder, colocar su estatua de fibra de vidrio en medio del jardín junto a los viejos próceres de la patria, Francisco Morazán, José Cecilio del Valle o Policarpo Bonilla. Había que llamar a los chicos de la prensa y contárselo.
Y los llamaron, y allá que fueron ellos con sus cámaras y sus libretas a certificar que sí, que Zelaya estaba a punto de situarse al nivel de los héroes del siglo XIX en cuanto consiguiera que el pueblo -mediante una consulta- le otorgara su visto bueno para seguir en el poder en contra de lo que dicta la Constitución. La noticia salió en todos los periódicos, acompañada del retrato de la estatua, pero unos días después el asunto se olvidó y la escultura fue arrumbada de mala manera en un oscuro almacén.
Han pasado tres meses justos. Es viernes. El reportero espera paseando por el patio de la Casa Presidencial una entrevista con Roberto Micheletti, el político sin futuro ni carisma que se aprovechó de la acción de los militares para ocupar un despacho que las urnas jamás le hubieran otorgado. Un viernes como éste, pero de hace tres meses, estuvo aquí entrevistando a Manuel Zelaya, eufórico aquella noche porque creía haber conjurado una intentona de golpe gracias "al apoyo de Estados Unidos y del pueblo de Honduras". De fondo se oían entonces los guitarrones de los partidarios que se disponían a pernoctar en la Casa Presidencial para defender con su vida al presidente de un posible ataque de los militares. Tres meses ya. Y qué tres meses.
El reportero pregunta por el baño y un funcionario muy amable -¿hay alguien que no lo sea en este país?- le señala equivocadamente el de mujeres. Y al entrar, ahí está, a resguardo de las miradas masculinas, la estatua de Manuel Zelaya.
-Señora, ¿por qué está aquí la estatua?
Y la señora de la limpieza, con una sonrisa en los labios, cuenta una batalla que no saldrá en los libros de historia, ni ocupará siquiera una línea en la memoria de los que -ojalá sea pronto- puedan empezar a olvidar este espanto de los militares en las calles, del toque de queda, del enfrentamiento entre vecinos, de los muchachos tiroteados en los destartalados pasillos de los viejos hospitales. Una batalla que es una metáfora de lo que sucede en todo el país. La resistencia de la gente corriente en su lucha desigual contra 7.000 soldados y 10.000 policías, contra las 10 familias insolidarias que controlan el país, contra una clase política al completo que aquel último domingo de junio se felicitó con grandes aspavientos, complacida de que los militares hubiesen secuestrado en pijama al presidente constitucional del país.
Y la señora explica que ellas, las 25 trabajadoras del servicio de limpieza de la Casa Presidencial, rescataron un día del fondo del almacén oscuro la estatua del presidente y la pusieron ahí, junto a un lavabo del tocador de señoras.
-¿Y por qué ahí?
-Porque las mujeres somos más pacíficas que los hombres y aquí nadie le va a hacer daño a la estatua del señor presidente. Aquí lo tenemos protegido. De estar en otro sitio, se lo llevarían tal vez para quemarlo.
-¿Cómo se comportaba Zelaya?
-El señor presidente siempre se portó bien. No era orgulloso. Se paraba y charlaba con nosotras. Como a los demás trabajadores del país, a nosotras también nos subió el sueldo mínimo un 50%. Pero se retrasó tres meses, y se lo dijimos, y lo arregló. Y si una tenía un problema, lo paraba y se lo decía. Y él escuchaba. De hecho, cuando empezó el lío de la cuarta urna
[la consulta popular para promover su reelección], se lo dijimos...
-¿Qué le dijeron?
-Que eso no estaba bien, que se podía meter en líos.
-Y se metió...
-Ya lo dice el refrán: el que con coyotes anda, a aullar aprende.
-Las malas compañías... Dicen que Chávez...
-Sí, señor, así fue. Se equivocó, pero no era arrogante. Y nos subió el sueldo. Así que aquí lo seguiremos protegiendo, para que no lo quemen.
La noche le va ganando a la tarde y Micheletti sigue sin aparecer. Una empleada de su gabinete dice que tal vez mañana, que hoy está muy cansado, pero que está muy interesado en responder las preguntas de este periódico, "que está siendo tan duro con él".
No demasiado lejos, el presidente constitucional se dispone a pasar otra noche sobre un colchón neumático, con los ojos enrojecidos por los gases tóxicos o simplemente por la suciedad que se va acumulando en su refugio de la Embajada de Brasil. El parte radiofónico obligatorio dice que a las ocho, toque de queda. Ha empezado a llover.
jueves, 24 de septiembre de 2009
YA HONDURAS NO ES LA DE ANTES...
CRONICA – Cuando la crisis se vuelve más oscura
Honduras vive ahora los peores momentos de represión, violencia y abuso de poder desde que el pasado 28 de junio ocurrió el golpe de Estado. Por decreto se suspendieron todas las garantías y derechos individuales y constitucionales. Con ello no sólo se retornó a los peores momentos, sino que el Estado de Sitio los agravó al imponer su peso a cualquier jurisdicción, ya sea Tegucigalpa o la aldea más remota. La indefensión ciudadana es mayor ante una institucionalidad que no parece tener límites, tanto así que en el estadio que ha sido improvisado como centro de detención – a la vieja usanza latinoamericana de utilizar instalaciones deportivas como mazmorras- comparten angustias tanto los que la policía identifica como miembros de la Resistencia como aquellas personas acusadas de estar donde no debían estar.

Más de siete millones de habitantes están obligados a recluirse en sus casas, permanecer dónde los tomó el Estado de Sitio o movilizarse bajo su cuenta y riesgo. La sensación colectiva es de un país por cárcel, sin embargo, es en la capital de la República donde la tensión es mayor por la llegada del Presidente Manuel Zelaya Rosales, luego de haber sido expatriado violentamente. El temor y la incertidumbre por la represión desatada genera una variedad de reacciones, entre ellas la aglomeración de los capitalinos en las pulperías (abarrotes); los estantes quedaron vacíos de alimentos básicos en pocas horas. El pan, los huevos, la harina de maíz y el agua volaron rápidamente. Esos pequeños negocios eran la única alternativa de comprar puesto que los supermercados y mercados de abasto no abrieron sus puertas.
La represión se muestra más agresiva que en los primeros días del golpe y se advierte también en la dureza de los mensajes públicos de Micheletti, cada vez más parecido al estereotipo del dictadorcontinental. De hecho, el desalojo de más de dos mil manifestantes que habían pasado la noche frente a la sede de la Embajada de Brasil, donde se encuentra Zelaya Rosales, no sólo fue violentísimo, sino que puso en práctica tácticas de guerra sicológica. La carga militar y policial fue acompañada de la repetición incesante del himno nacional y de un sonido agudo que salía de altoparlantes. Incluso estuvieron a punto de irrumpir en la sede diplomática, pero no tuvieron la orden final. A ello le siguió el allanamiento de casas próximas a la sede diplomática en busca de opositores o la agresión al edificio del Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos (COFADEH), donde más de un centenar de personas buscaron protección. En el saldo parcial se mencionan tres muertos y varios heridos sólo en la primera jornada.
Un golpe socialmente derrotado
Para diversos analistas, la decisión de implantar el Estado de Sitio no exhibe fortaleza, sino debilidad. Lo que se aprobaron desde el gobierno de facto fueron facultades extraordinarias de represión política, no de concertación o diálogo. En el vocabulario popular se les califica como “manotadas de ahogado”, lo que ilustra de manera gráfica la peligrosidad del momento. Paradójicamente, en lugar de miedo, lo que despiertan es desobediencia e indignación. Se invoca el artículo 3 de la Constitución: “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen”. En diversos sitios se informa de marchas espontáneas de protesta, como en la populosa colonia Kennedy, con más de 50 mil habitantes. Primero fueron unas decenas de personas, y luego sumaron más de dos mil. Algo similar ocurre en otras colonias y barrios de la capital, donde previamente a la llegada del Presidente Zelaya, el Frente de Resistencia al Golpe de Estado (FRGE) convocó caminatas que tenían el aire festivo de ferias políticas pese a que eran perseguidas por destacamentos policiales y militares que no se perdían ninguna cita, tomando descaradamente fotografías y videos.
El cambio de táctica de la Resistencia, subir de las calles céntricas a las laderas marginales, tuvo tanto impacto que sus dirigentes recibían peticiones de muchos barrios y colonias para ser parte de su recorrido. Incluso ya existía un calendario de visitas. Ese modelo urbano de conectividad también se estaba expandiendo en San Pedro Sula y en municipios y aldeas, donde se organizan comités locales. No es extraño que una de las medidas de excepción autorizadas con el estado de sitio fue instalar retenes en las carreteras y principales rutas de acceso a la capital para impedir el acceso a miles de manifestantes que acudían al llamamiento del Presidente Zelaya. A más de 80 días es claro que el golpe ya fue socialmente derrotado. Hay una afinidad popular y hasta cultural mayoritaria con el mandatario derrocado y una antipatía hacia Micheletti. Una prueba evidente ocurrió el pasado 15 de septiembre, Día de la Independencia, cuando las marchas convocadas por la Resistencia superaron abrumadoramente las organizadas por el gobierno. No hubo comparación entre unas y otras. Esa fue una señal que el golpismo no atendió, como tantas otras.
Una llegada esperada, pero inesperada
Lo último que Zelaya Rosales había dicho desde Managua fue: “voy a regresar antes que termine septiembre”. Eso lo anticiparon en Tegucigalpa algunos dirigentes de la Resistencia, sin embargo, siempre había dudas por los anuncios y tentativas frustradas anteriores, así que su arribo esperado…fue inesperado, incluso para el propio Micheletti que desmintió inicialmente lo que llamó “un rumor tendencioso de terroristas mediáticos”. La operación de retorno burló todo el aparato de inteligencia militar. Micheletti excusó su fracaso diciendo que “no se le puede echar la culpa de no haberse dado cuenta, es que todo esto ha roto sus contactos de información policial con sus colegas de otros países”. En las estaciones de radio que apoyan al golpe los locutores y periodistas de turno hicieron chistes de la noticia que brindó inicialmente Radio Globo, que es la voz principal de la oposición. Luego se limitaron a confirmarla y callar.
Cuando el oficialismo no salía de su escepticismo, la calle adyacente a la sede de las Naciones Unidas estaba inundada de miles de personas que festejaban la llegada del Presidente Zelaya. El ánimo que prevalecía era de alegría, mientras que los pocos policías presentes se mostraban confundidos. Muchas personas les hablaban, pero nadie los agredía. Cuando a la gente se le informó que el Presidente estaba en la Embajada de Brasil, el traslado fue inmediato. Como de la nada aparecieron carros parlantes, vendedores de banderas, sombreros, gorras, pañuelos, los “hits” musicales de la resistencia y videos principales de la lucha. En minutos había un tenderillo del comercio político informal, junto a vendedores de comida y refrescos.
Nadie sabía en las calleas las circunstancias exactas del retorno del Presidente, pero la impresión inicial fue que el golpe había sido vencido y que se sentaba un precedente histórico en América Latina. Con la confusión, algunos hicieron circular el rumor de que esta vez era Micheletti quien abandonaba el territorio y que la cúpula de las Fuerzas Armadas había sido relevada. Se supuso que la llegada del Presidente Zelaya coincidía con un contragolpe exitoso de militares presuntamente inconformes. La idea que circuló es que la Resistencia aguardaba que se reuniera al menos medio millón de personas para recuperar la Casa Presidencial. Pese al sol castigador de esas horas, había frescura y optimismo en el ambiente. En la espera hubo quienes reflexionaban sobre una pregunta capital postergada: ¿y después del retorno de Mel, qué? Luego las interrogantes brotaron en cascada: ¿Bajo que condiciones regresó Mel?, ¿Cómo quedó el Acuerdo de San José?, ¿Tendrá las manos libres para convocar la Constituyente?, ¿Cuáles son las ideas y propuestas que tiene la base social que apoyó su retorno?, ¿Cómo se responderán las expectativas de la diversidad de actores que agrupa la Resistencia?; ¿Existe una agenda de demandas a corto y mediano plazo?, ¿Qué pasará al interior de la Resistencia?, ¿Qué posición asumirá la Resistencia Liberal?, ¿Cómo acompañará la comunidad internacional el esfuerzo de reconstrucción y transformación de la institucionalidad nacional? o ¿Qué decisiones deberán tomarse en las próximas 72 horas para consolidar la derrota del golpismo? Muchas preguntas, pocas respuestas y bastante incertidumbre.
No obstante, el optimismo empezó a trocar en preocupación cuando trascendió que Micheletti seguía en Casa Presidencial y se escuchó el rotor del helicóptero de la policía, el Halcón, que siempre vuela sobre cada manifestación de la Resistencia. “¿Cómo es que todavía andan vigilando cuando el golpe fue derrotado?”. Poco a poco se apilaban evidencias de que el escenario de la conflictividad, con su lógica de la guerra fría de los 80, seguía vigente.Socialmente el golpe había sido derrotado, pero políticamente no, todavía falta el remate.Así otra pregunta reemplazó a las anteriores: ¿hasta cuándo?
La elite empresarial y política resiste, con ciega ideología derechista, cualquieracuerdo social construido de abajo hacia arriba. Para ella todo el conflicto comienza y termina con el Presidente Zelaya y con la influencia de Chávez. El trasfondo de desigualdad y pobreza acumulado durante años no existe. Tampoco reconocen que haya un despertar de la cultura de participación ciudadana y que el sistema político –incluyendo el electoral- se esté desplomando. En la lógica más llana y brutal del poder hubo quien expresó a través de una radioemisora: “muerto el perro, se acaba la rabia”. Y en ese empeño están dispuestos a todo. Se teme hasta un asalto al interior de la Embajada de Brasil, pese a los llamamientos internacionales e incluso de políticos tradicionales para no hacerlo. Porfirio Lobo, el candidato presidencial del Partido Nacional, lo advirtió meridianamente: “ese sería un terrible error que causaría grave daño al país”. Lobo piensa en las elecciones; tan cerca y tan lejanas a la vez.
Posiblemente, a estas alturas, el bloque golpista ya está roto y se reconoce la necesidad de alcanzar un acuerdo nacional con el aval internacional, no un acuerdo internacional como el aval nacional (como es el caso de la mediación del Presidente Arias de Costa Rica), pero eso no vuelve al escenario más fácil; al contrario. Mientras desde el poder fáctico no se reconozca la legitimidad y el liderazgo de la Resistencia y la ilegalidad del golpe, las puertas de salida que se ofrezcan al conflicto serán giratorias En las calles y en las plazas no sólo marchan actores sociales sino también políticos y tienen propuestas de nación, todavía en perfil pero abiertas al cambio. El Presidente Zelaya lo advirtió desde su refugio: “estoy de acuerdo con un diálogo amplio, no bilateral”. Ese clima político para una mesa amplia no existe hoy, lo enturbia la inflexibilidad de Micheletti, el bipartidismo tradicional que sigue pensando en una “normalidad” inexistente, el Estado de Sitio que agudiza la confrontación y la violación a los derechos humanos que deja heridas profundas, pero las condiciones pueden variar de un momento a otro. La presión internacional se intensifica a medida que se le rechaza. Ninguna entrada al país – terrestre o aérea – está abierta por el momento a delegaciones mediadoras, pero ¿por cuánto tiempo? De cualquier manera, la Honduras de hoy no es similar a la de antes del 28 de junio y la presencia del Presidente Zelaya –que para algunos es fin y para otros finalidad – por sí sola modifica el escenario. La dinámica a la que entra el país será de movimientos más rápidos, quizá sin previo aviso, como lo fue la llegada del Presidente Zelaya.
Manuel Torres Calderón
Periodista de El Inventario – Honduras
(Martes, 5:00 de la tarde)

Más de siete millones de habitantes están obligados a recluirse en sus casas, permanecer dónde los tomó el Estado de Sitio o movilizarse bajo su cuenta y riesgo. La sensación colectiva es de un país por cárcel, sin embargo, es en la capital de la República donde la tensión es mayor por la llegada del Presidente Manuel Zelaya Rosales, luego de haber sido expatriado violentamente. El temor y la incertidumbre por la represión desatada genera una variedad de reacciones, entre ellas la aglomeración de los capitalinos en las pulperías (abarrotes); los estantes quedaron vacíos de alimentos básicos en pocas horas. El pan, los huevos, la harina de maíz y el agua volaron rápidamente. Esos pequeños negocios eran la única alternativa de comprar puesto que los supermercados y mercados de abasto no abrieron sus puertas.
La represión se muestra más agresiva que en los primeros días del golpe y se advierte también en la dureza de los mensajes públicos de Micheletti, cada vez más parecido al estereotipo del dictadorcontinental. De hecho, el desalojo de más de dos mil manifestantes que habían pasado la noche frente a la sede de la Embajada de Brasil, donde se encuentra Zelaya Rosales, no sólo fue violentísimo, sino que puso en práctica tácticas de guerra sicológica. La carga militar y policial fue acompañada de la repetición incesante del himno nacional y de un sonido agudo que salía de altoparlantes. Incluso estuvieron a punto de irrumpir en la sede diplomática, pero no tuvieron la orden final. A ello le siguió el allanamiento de casas próximas a la sede diplomática en busca de opositores o la agresión al edificio del Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos (COFADEH), donde más de un centenar de personas buscaron protección. En el saldo parcial se mencionan tres muertos y varios heridos sólo en la primera jornada.
Un golpe socialmente derrotado
Para diversos analistas, la decisión de implantar el Estado de Sitio no exhibe fortaleza, sino debilidad. Lo que se aprobaron desde el gobierno de facto fueron facultades extraordinarias de represión política, no de concertación o diálogo. En el vocabulario popular se les califica como “manotadas de ahogado”, lo que ilustra de manera gráfica la peligrosidad del momento. Paradójicamente, en lugar de miedo, lo que despiertan es desobediencia e indignación. Se invoca el artículo 3 de la Constitución: “Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen”. En diversos sitios se informa de marchas espontáneas de protesta, como en la populosa colonia Kennedy, con más de 50 mil habitantes. Primero fueron unas decenas de personas, y luego sumaron más de dos mil. Algo similar ocurre en otras colonias y barrios de la capital, donde previamente a la llegada del Presidente Zelaya, el Frente de Resistencia al Golpe de Estado (FRGE) convocó caminatas que tenían el aire festivo de ferias políticas pese a que eran perseguidas por destacamentos policiales y militares que no se perdían ninguna cita, tomando descaradamente fotografías y videos.
El cambio de táctica de la Resistencia, subir de las calles céntricas a las laderas marginales, tuvo tanto impacto que sus dirigentes recibían peticiones de muchos barrios y colonias para ser parte de su recorrido. Incluso ya existía un calendario de visitas. Ese modelo urbano de conectividad también se estaba expandiendo en San Pedro Sula y en municipios y aldeas, donde se organizan comités locales. No es extraño que una de las medidas de excepción autorizadas con el estado de sitio fue instalar retenes en las carreteras y principales rutas de acceso a la capital para impedir el acceso a miles de manifestantes que acudían al llamamiento del Presidente Zelaya. A más de 80 días es claro que el golpe ya fue socialmente derrotado. Hay una afinidad popular y hasta cultural mayoritaria con el mandatario derrocado y una antipatía hacia Micheletti. Una prueba evidente ocurrió el pasado 15 de septiembre, Día de la Independencia, cuando las marchas convocadas por la Resistencia superaron abrumadoramente las organizadas por el gobierno. No hubo comparación entre unas y otras. Esa fue una señal que el golpismo no atendió, como tantas otras.
Una llegada esperada, pero inesperada
Lo último que Zelaya Rosales había dicho desde Managua fue: “voy a regresar antes que termine septiembre”. Eso lo anticiparon en Tegucigalpa algunos dirigentes de la Resistencia, sin embargo, siempre había dudas por los anuncios y tentativas frustradas anteriores, así que su arribo esperado…fue inesperado, incluso para el propio Micheletti que desmintió inicialmente lo que llamó “un rumor tendencioso de terroristas mediáticos”. La operación de retorno burló todo el aparato de inteligencia militar. Micheletti excusó su fracaso diciendo que “no se le puede echar la culpa de no haberse dado cuenta, es que todo esto ha roto sus contactos de información policial con sus colegas de otros países”. En las estaciones de radio que apoyan al golpe los locutores y periodistas de turno hicieron chistes de la noticia que brindó inicialmente Radio Globo, que es la voz principal de la oposición. Luego se limitaron a confirmarla y callar.
Cuando el oficialismo no salía de su escepticismo, la calle adyacente a la sede de las Naciones Unidas estaba inundada de miles de personas que festejaban la llegada del Presidente Zelaya. El ánimo que prevalecía era de alegría, mientras que los pocos policías presentes se mostraban confundidos. Muchas personas les hablaban, pero nadie los agredía. Cuando a la gente se le informó que el Presidente estaba en la Embajada de Brasil, el traslado fue inmediato. Como de la nada aparecieron carros parlantes, vendedores de banderas, sombreros, gorras, pañuelos, los “hits” musicales de la resistencia y videos principales de la lucha. En minutos había un tenderillo del comercio político informal, junto a vendedores de comida y refrescos.
Nadie sabía en las calleas las circunstancias exactas del retorno del Presidente, pero la impresión inicial fue que el golpe había sido vencido y que se sentaba un precedente histórico en América Latina. Con la confusión, algunos hicieron circular el rumor de que esta vez era Micheletti quien abandonaba el territorio y que la cúpula de las Fuerzas Armadas había sido relevada. Se supuso que la llegada del Presidente Zelaya coincidía con un contragolpe exitoso de militares presuntamente inconformes. La idea que circuló es que la Resistencia aguardaba que se reuniera al menos medio millón de personas para recuperar la Casa Presidencial. Pese al sol castigador de esas horas, había frescura y optimismo en el ambiente. En la espera hubo quienes reflexionaban sobre una pregunta capital postergada: ¿y después del retorno de Mel, qué? Luego las interrogantes brotaron en cascada: ¿Bajo que condiciones regresó Mel?, ¿Cómo quedó el Acuerdo de San José?, ¿Tendrá las manos libres para convocar la Constituyente?, ¿Cuáles son las ideas y propuestas que tiene la base social que apoyó su retorno?, ¿Cómo se responderán las expectativas de la diversidad de actores que agrupa la Resistencia?; ¿Existe una agenda de demandas a corto y mediano plazo?, ¿Qué pasará al interior de la Resistencia?, ¿Qué posición asumirá la Resistencia Liberal?, ¿Cómo acompañará la comunidad internacional el esfuerzo de reconstrucción y transformación de la institucionalidad nacional? o ¿Qué decisiones deberán tomarse en las próximas 72 horas para consolidar la derrota del golpismo? Muchas preguntas, pocas respuestas y bastante incertidumbre.
No obstante, el optimismo empezó a trocar en preocupación cuando trascendió que Micheletti seguía en Casa Presidencial y se escuchó el rotor del helicóptero de la policía, el Halcón, que siempre vuela sobre cada manifestación de la Resistencia. “¿Cómo es que todavía andan vigilando cuando el golpe fue derrotado?”. Poco a poco se apilaban evidencias de que el escenario de la conflictividad, con su lógica de la guerra fría de los 80, seguía vigente.Socialmente el golpe había sido derrotado, pero políticamente no, todavía falta el remate.Así otra pregunta reemplazó a las anteriores: ¿hasta cuándo?
La elite empresarial y política resiste, con ciega ideología derechista, cualquieracuerdo social construido de abajo hacia arriba. Para ella todo el conflicto comienza y termina con el Presidente Zelaya y con la influencia de Chávez. El trasfondo de desigualdad y pobreza acumulado durante años no existe. Tampoco reconocen que haya un despertar de la cultura de participación ciudadana y que el sistema político –incluyendo el electoral- se esté desplomando. En la lógica más llana y brutal del poder hubo quien expresó a través de una radioemisora: “muerto el perro, se acaba la rabia”. Y en ese empeño están dispuestos a todo. Se teme hasta un asalto al interior de la Embajada de Brasil, pese a los llamamientos internacionales e incluso de políticos tradicionales para no hacerlo. Porfirio Lobo, el candidato presidencial del Partido Nacional, lo advirtió meridianamente: “ese sería un terrible error que causaría grave daño al país”. Lobo piensa en las elecciones; tan cerca y tan lejanas a la vez.
Posiblemente, a estas alturas, el bloque golpista ya está roto y se reconoce la necesidad de alcanzar un acuerdo nacional con el aval internacional, no un acuerdo internacional como el aval nacional (como es el caso de la mediación del Presidente Arias de Costa Rica), pero eso no vuelve al escenario más fácil; al contrario. Mientras desde el poder fáctico no se reconozca la legitimidad y el liderazgo de la Resistencia y la ilegalidad del golpe, las puertas de salida que se ofrezcan al conflicto serán giratorias En las calles y en las plazas no sólo marchan actores sociales sino también políticos y tienen propuestas de nación, todavía en perfil pero abiertas al cambio. El Presidente Zelaya lo advirtió desde su refugio: “estoy de acuerdo con un diálogo amplio, no bilateral”. Ese clima político para una mesa amplia no existe hoy, lo enturbia la inflexibilidad de Micheletti, el bipartidismo tradicional que sigue pensando en una “normalidad” inexistente, el Estado de Sitio que agudiza la confrontación y la violación a los derechos humanos que deja heridas profundas, pero las condiciones pueden variar de un momento a otro. La presión internacional se intensifica a medida que se le rechaza. Ninguna entrada al país – terrestre o aérea – está abierta por el momento a delegaciones mediadoras, pero ¿por cuánto tiempo? De cualquier manera, la Honduras de hoy no es similar a la de antes del 28 de junio y la presencia del Presidente Zelaya –que para algunos es fin y para otros finalidad – por sí sola modifica el escenario. La dinámica a la que entra el país será de movimientos más rápidos, quizá sin previo aviso, como lo fue la llegada del Presidente Zelaya.
Manuel Torres Calderón
Periodista de El Inventario – Honduras
(Martes, 5:00 de la tarde)
domingo, 20 de septiembre de 2009
Juan, tienes más razón que el carajo!...
19 Septiembre 2009, 10:27 PM
La convención eleccionaria del domingo 27 será un nuevo escalón para la conversión del Partido Revolucionario Dominicano de Miguel Vargas Maldonado en una nueva organización conservadora y autoritaria
Escrito por: JUAN BOLÍVAR DÍAZ (Juan Bolívar@gmail.com)
El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) se aboca el próximo domingo 27 a una elección de dirigentes nacionales que podría sellar su conversión en una organización política conservadora y autoritaria que reniega de la identidad que lo catapultó como esperanza de redención para los sectores más desprotegidos de la sociedad.
Hay suficientes indicios de que el perredeísmo abandona su posición social demócrata buscando competir en desventaja con peledeístas y reformistas por el espacio conservador de la sociedad dominicana, dejando atrás el legado de sus fundadores y de su líder histórico José Francisco Peña Gómez.
La convención del 27
El PRD podría estar dando un salto ideológico definitivo el próximo domingo 27 de septiembre, cuando culmine su Vigésimo Séptima Convención Nacional Ordinaria con la elección de sus nuevos dirigentes a nivel nacional, exceptuando los de los comités zonales que son hoy día el refugio de una base otrora protagonista de lo que alguna vez fue denominado como “partido de la esperanza nacional”.
Con el padrón nacional de electores todos los ciudadanos están aptos para sufragar en los mismos centros de votación de la Junta Central Electoral (JCE) a fin de elegir secretario general y secretario de organización así como a 21 vicepresidentes e igual número de subsecretarios generales del nivel nacional. En cada caso son 32 pero los 11 restantes son designados por el Comité Ejecutivo.
Los perredeístas también están convocados para escoger presidente, secretario general y de organización, así como vicepresidentes y subsecretarios para sus 158 comités municipales y los de 229 distritos municipales. Así mismo habrá boletas separadas para ratificar al ingeniero Miguel Vargas Maldonado, proclamado y juramentado como presidente del partido blanco en la primera etapa de la convención el pasado 19 de julio, y para elegir los dirigentes de los frentes de mujeres y jóvenes.
Una decisión controvertida excluyó la renovación de los dirigentes de los 800 comités zonales, que son la mayor expresión de la militancia perredeísta desde que hace cuatro años la última reforma estatutaria decidió convertir los comités de base en comités de colegios electorales. Se disolvieron los primeros pero no se han organizado los relevos.
No hay la menor duda sobre la ratificación de Vargas Maldonado como presidente y la disputa está centrada en la secretaría general, donde polarizan Guido Gómez Mazara y Orlando Jorge Mera. Para secretario de Organización compiten Fausto Liz, Geanilda Vásquez y Tony Peña Guaba. Los dos primeros adscritos al grupo de Vargas Maldonado, aunque se dice que la dama es la preferida del líder, por cuanto sería más manejable. Para las vicepresidencias hay 119 candidatos y casi un centenar para las subsecretarías.
Liderazgo único
Entre las transformaciones que se promueven en el PRD está la de la liquidación del liderazgo múltiple que promovió Peña Gómez en los años setenta como forma de democratizar y ampliar la militancia y la base social de su partido, pero que generó enconadas luchas internas Por eso se eligió a Vargas presidente del partido, siendo virtual candidato presidencial, requiriéndose ahora una reforma estatutaria para permitirlo.
Como Gómez Mazara corría con fuerza para la secretaría general el grupo dominante rescató a Orlando Jorge Mera, quien había renunciado a una gris gestión de secretario general, para oponerlo a quien consideraron demasiado independiente y beligerante. Gómez está mucho más cerca de la socialdemocracia perredeísta que Jorge Mera, señalado incluso como miembro de la ultraconservadora organización católica Opus Dei de origen español-franquista, pero con base en el país y otras partes del mundo.
Para lograr el objetivo de liderazgo único de Vargas Maldonado ahora mismo el último obstáculo parece ser Gómez Mazara, razón por la cual se estarían invirtiendo los mayores recursos para cerrarle el paso. En los últimos días se han publicado páginas enteras en los diarios donde la gran mayoría de los legisladores y luego de los síndicos perredeístas expresan apoyo a un sorpresivo liderazgo de Jorge Mera, por reunir “condiciones de madurez, prudencia y firmeza”.
Se da por hecho también que el liderazgo único de Vargas Maldonado saldrá beneficiado también con los demás niveles de elección. En el PRD nadie que no sea el ex presidente Hipólito Mejía, cada vez con menos apoyo, cree que alguien pueda disputarle exitosamente la candidatura presidencial para el 2012, lo que ha producido un clima favorable para su investidura de líder único. Los proyectos alternativos que promovían a Milagros Ortiz Bosch, Enmanuel Esquea y Virgilio Bello Rosa casi se diluyeron, mientras el de Luis Abinader no ha logrado fuerza suficiente para colocarse en el medio de la vía.
Partido conservador
El grupo dominante en el PRD está convencido de que el país se ha hecho cada vez más conservador, por lo que asume las posiciones predominantes por encima de los planteamientos históricos de ese partido, no solo en cuanto al dogma del origen de la vida, sino también en lo de la nacionalidad, coincidiendo con los grupos que negaron a Peña Gómez la condición de dominicano por ascendencia de inmigrantes haitianos.
Las formulaciones perredeístas avalan en parte el presidencialismo presente en el proyecto de constitución del presidente Leonel Fernández, la inflación de jueces y diputados y la negación de los principios de transparencia y rendición de cuentas. Está lejos de la batalla contra la malversación de los recursos públicos que desarrollan comunicadores y el liderazgo social.
El curso que lleva el PRD lo presenta en abierta competencia por los espacios conservadores, en los que los reformistas y el liderazgo del presidente Fernández le llevan gran ventaja. Desde que llegó al país en 1961 el PRD ha tenido el veto de los poderes fácticos que no ha podido vencer ni siquiera cuando sus gobiernos entregaron el control de la política económica a empresarios y representantes de los sectores dominantes.
Pese a ello fue bajo sus predicamentos de “redención social” que ganó el poder en cuatro oportunidades y que se convirtió en el partido de más prolongada vigencia en la historia nacional, interpretando el sentimiento liberal, con la política de inclusión social y gran alianza que rememoraba esta semana el sociólogo Wilfredo Lozano en su columna del semanario Clave.
Aunque Tirso Mejía Ricart, Ivelisse Prats, Amaury Justo, Alejandro Abreu, y con más bajo perfil Hugo Tolentino, Milagros Ortiz y otros alienten un “Foro Renovador”, están lejos de reunir fuerzas siquiera para moderar la derechización del partido blanco que desprecia el voto liberal apostando a ganar el voto conservador de histórico sentimiento antiperredeísta, como recordara Rosario Espinal en su artículo del miércoles 16 en HOY. La apuesta es peligrosa, porque podrían quedarse sin pito, sin flauta y sin que tocar.
Un nuevo PRD
¡UF!
¡UF!
El liderazgo perredeísta de Vargas Maldonado partió de una fuerte inversión en cuadros medios y altos que quedaron desempleados al salir del poder con el fin de la gestión presidencial de Hipólito Mejía. Con la orfandad ideológica dejada por la desaparición de Peña Gómez, no fue el carisma, el discurso o las propuestas, realistas o populistas, lo que lo hizo al ingeniero Vargas preferido de los perredeístas ante opciones como la de Ortiz Bosch o Esquea, sino su gran capacidad financiera y la proyección de una gestión empresarial capaz de generar nuevas riquezas, lo que parece fundamental en la política dominicana contemporánea.Más que de sociólogos o politólogos tradicionales, programadores del rescate de sectores sociales, el nuevo líder se ha rodeado de tecnócratas que transportan una visión empresarial a la acción política. Montados sobre la necesidad de contener los excesos grupales de la democracia perredeísta postulan la exclusión autocrática, reclamando la incondicionalidad e imponiendo la mayoría mecánica.
Todo ello parece comportar “un nuevo PRD”, cada vez más alejado del que fueron portadores los fundadores encabezados por Bosch que llegó al poder en 1963, y del que forjó Peña Gómez a partir de los planteamientos socialdemócratas, ambos proyectos concebidos sobre una endeble cultura democrática de un pueblo que se ha debatido entre la opresión y la anarquía.
Bosch lo abandonó en 1973 para intentar crear un instrumento político más disciplinado, y Peña Gómez consumió su vida en él, reconocido como líder pero durante años relegado como candidato presidencial, víctima de la discriminación de sus propios compañeros.
Se ha puesto en marcha un nuevo PRD, que no necesita de comités de base y relega hasta los de zonas o intermedios, donde los frentes de masas, como los de mujeres, jóvenes o trabajadores, cada vez tienen menos importancia, que como decía un dirigente crítico recibe 17 millones de pesos al mes pero no invierte ni un peso en formación política, donde la incondicionalidad es fundamental para acceder a cargos o candidaturas. Un partido donde reina el temor a expresar disensión, a lo que se atribuyó que sólo dos de sus 73 legisladores desoyeran la disposición del nuevo líder de aprobar el artículo constitucional que valida el dogma religioso de que la vida es inviolable desde la concepción, con lo que muchos no estaban de acuerdo.
domingo, 13 de septiembre de 2009
No es relajando; la cosa va en serio, con los gorilas hondureños
| Inmigración estadounidense requiere a Adolfo Facussé |
El presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), Adolfo Facussé, fue requerido ayer al mediodía por agentes de inmigración de los Estados Unidos y bajado de un avión cuando llegaba a Miami.Testigos dijeron que al llegar el vuelo de la empresa Transportes Aéreos del Continente Americano al aeropuerto se les pidió a los pasajeros que permanecieran sentados. Tras vivir varios minutos de tensión por el atraso, el oficial de vuelo pidió al pasajero Adolfo Facussé que se identificara, lo cual hizo el empresario. De inmediato ingresaron varios agentes que le pidieron los acompañara. Fue hasta que Facussé abandonó el avión que se le permitió a los demás pasajeros bajar. Hondureños que estuvieron pendientes de la acción indicaron que funcionarios de inmigración recogieron las maletas del presidente de la ANDI, pues a éste no lo volvieron a ver. En semanas anteriores el nombre del inversionista fue mencionado en una “galería de golpistas” por varios medios de comunicación. |
miércoles, 9 de septiembre de 2009
EL CORAZÓN DEL IMPERIO ¿SE RESISTE?
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El presidente de la Asociación Nacional de Industriales (ANDI), Adolfo Facussé, fue requerido ayer al mediodía por agentes de inmigración de los Estados Unidos y bajado de un avión cuando llegaba a Miami.

