Una muestra de tal sinvergüencería e irresponsabilidad la tenemos en lo que acaba de ocurrir en la Asamblea Nacional, plagada de pelafustanes de todo género, me refiero con este término a diputados y senadores de todos los partidos. El título del diario Hoy digital, de la fecha, lo dice todo: "Asambleístas imponen el polémico artículo 30". La información explica como los legisladores, que dicho de paso, ignoran su condición de tales, impusieron un artículo en lo que pretenden sea la nueva constitución de la República, para impedir que sea institucionalizado lo que todo el mundo civilizado y del sentido común adoptó hace rato: el recurso del aborto terapéutico para proteger a las mujeres en riesgo de muerte por causa de un embarazo determinado.
Impusieron su criterio de miedo, despersonalizado y borreguil. Prescindieron de las voces críticas y de las posiciones divergentes hasta de sus propios colegas en minorías. Los voceros de numerosos grupos sociales no contaron para nada. El temor a la artillería de una cúpula católica entrometida en los asuntos de estado y sin ninguna carga de paternidad, los hizo actuar así.
Pero no son ellos, exactamente, los responsables solitarios de tal inconducta. Es que el primer irresponsable en el país, en este como en numerosos otros casos, es quien lleva encima la representación del Poder Ejecutivo. La primera inoportunidad que se presenta es la de envolver al país, en momentos para mejor suerte, en esta discusión fútil y poco útil de discutir una moficiación constitucional para que la República la asuma, cuando padece una crisis total de su economía, sin que haya un norte orientador de parte del gobierno de turno. Esa cabeza del Ejecutivo es la misma cabeza de la mayoría de los asambleístas nacionales que son los miembros del Partido de la Liberación Dominicana.
Llenos de miedo y de oportunismo están también los jefecillos de la oposición. Vergonzosamente, los legisladores del Partido Revolucionario Dominicano, desorientados y conducidos sólo hacia la desvergüenza por una cúpula socialmente oportunista e ilegítima, ya que en el PRD no hay bases legitimadoras.
Y del Partido Reformista, herencia del obtuso Balaguer, no hay ni habrá nada que esperar, nunca jamás. Ellos no representan a nadie. en todo caso, simbolizan lo denigrante.
Vendrán mejores tiempos. Más dignos. Más razonables.
Minú Tavares Mirabal ha sido aludida por un cura como muestra de los sectores que según los curas católicos trabajan a escondidas para consignar en la Constitución el derecho a la libertad de decisión de las mujeres dominicanas en lo que se refiere al aborto como cuestión de salud pública. Se la menciona en público por su condición de liderazgo en la Cámara de Diputados, para hacerla aparece como una pieza descariada. Y no es correcto. El cura que lo hizo así representan a los feligreses católicos que creen en él como cura. Minú se sometió al escrutinio público en elecciones para representar a todos los votantes y en esa condición a quienes son católicos y a quienes no son católicos y hay que dejar que decida con su voto en base a los intereses de ese universo.
A Evo Morales le tienen varias campañas difamatorias en marcha en Bolivia, quienes no han podido con el indio y su peso específico para impulsar los cambios redentores en ese país.

