

El Partido Revolucionario Dominicano (PRD) es un partido político formidable. Creo que no hay otra organización que se le pueda comparar al momento de movilizar gentes.
Pero el PRD, precisamente, por esa característica es una fuerza secuestrada y minusválida para sus fines.
Una cúpula corroída por la polilla de los intereses particulares y egoistas, con todos sus derroteros agotados, se ha apoderado de ese grupo. Sus pronunciamientos, sus agendas, sus planes y proyectos tienen un sólo contenido: buscar retener el control de esa organización para utilizarlo en la búsqueda del Poder. Buscar el Poder para los mismos fines para los que retienen el control del PRD, que no son otros que sus propios fines.
El PRD ha sido castrado en su esencia de masas. Las bases del PRD no cuentan para nada. Todo se decide en ese grupito que lo encabeza. La estructura partidaria y los mecanismos y métodos de control son manipulados para evitar su renovación que sería la forma de movilizar a esa cúpula desgastada.
Es una pena que así sea. Una pena, porque la República Dominicana necesita soluciones para sus problemas de pobreza y subdesarrollo. Y el PRD, siendo lo que hoy no es, podría estar preparado para basándose en los intereses comunitarios como objetivo y movilizando todo su cuerpo, puede como ninguna otra fuerza, ser la promotora de tales soluciones.
Ya andan en campaña, cuando todavía no han pasado seis meses de las últimas elecciones presidenciales. Y menos de tres meses de la juramentación del nuevo presidente de la República reelecto.
El país está enfrentando una crisis histórica en todos los órdenes. Pero el PRD da muestras de darse por enterado sólo a través de notitas de prensa y declaraciones vacuas de gente sin arraigo que se ha abrogado el derecho a dirigirlo y representarlo.
El PRD no es capaz, en estos momentos, de movilizar a nadie para la discusión de los principales problemas y para presionar por soluciones. No tiene fuerza en el Congreso Nacional. Sus ayuntamientos están copados por directivos que sólo piensan en los próximos comicios dentro de menos de dos años.
El clamor de las iglesias, de las ONG, de los clubes, de los pocos y débiles sindicatos de trabajadores y gremios de empresarios y profesionales es algo ajeno totalmente a la cúpula del PRD.
Sólo una subida de la marea social y política en el país, que arrastre también al PRD en sus bases, podría salvar a esa organización, en términos mediatos. Allí no hay ideología, no hay doctrina. No hay organizaciones de base que presionen. El PRD no es siquiera una masa amorfa. Es sólo una cúpula corroída por la polilla de los intereses egoistas y particulares. Es una pena.
Pero el PRD, precisamente, por esa característica es una fuerza secuestrada y minusválida para sus fines.
Una cúpula corroída por la polilla de los intereses particulares y egoistas, con todos sus derroteros agotados, se ha apoderado de ese grupo. Sus pronunciamientos, sus agendas, sus planes y proyectos tienen un sólo contenido: buscar retener el control de esa organización para utilizarlo en la búsqueda del Poder. Buscar el Poder para los mismos fines para los que retienen el control del PRD, que no son otros que sus propios fines.
El PRD ha sido castrado en su esencia de masas. Las bases del PRD no cuentan para nada. Todo se decide en ese grupito que lo encabeza. La estructura partidaria y los mecanismos y métodos de control son manipulados para evitar su renovación que sería la forma de movilizar a esa cúpula desgastada.
Es una pena que así sea. Una pena, porque la República Dominicana necesita soluciones para sus problemas de pobreza y subdesarrollo. Y el PRD, siendo lo que hoy no es, podría estar preparado para basándose en los intereses comunitarios como objetivo y movilizando todo su cuerpo, puede como ninguna otra fuerza, ser la promotora de tales soluciones.
Ya andan en campaña, cuando todavía no han pasado seis meses de las últimas elecciones presidenciales. Y menos de tres meses de la juramentación del nuevo presidente de la República reelecto.
El país está enfrentando una crisis histórica en todos los órdenes. Pero el PRD da muestras de darse por enterado sólo a través de notitas de prensa y declaraciones vacuas de gente sin arraigo que se ha abrogado el derecho a dirigirlo y representarlo.
El PRD no es capaz, en estos momentos, de movilizar a nadie para la discusión de los principales problemas y para presionar por soluciones. No tiene fuerza en el Congreso Nacional. Sus ayuntamientos están copados por directivos que sólo piensan en los próximos comicios dentro de menos de dos años.
El clamor de las iglesias, de las ONG, de los clubes, de los pocos y débiles sindicatos de trabajadores y gremios de empresarios y profesionales es algo ajeno totalmente a la cúpula del PRD.
Sólo una subida de la marea social y política en el país, que arrastre también al PRD en sus bases, podría salvar a esa organización, en términos mediatos. Allí no hay ideología, no hay doctrina. No hay organizaciones de base que presionen. El PRD no es siquiera una masa amorfa. Es sólo una cúpula corroída por la polilla de los intereses egoistas y particulares. Es una pena.

