En la República Dominicana está en marcha un proceso electoral que oficialmente fue abierto el 16 de enero y deberá concluir el 16 de mayo, con la escogencia de un Presidente y un Vicepresidente de la República.
Está en marcha, asimismo, desde hace cuatro años, un proceso de empadronamiento de los pobres para conducirlos a escoger en base a subsidiarlos mensualmente con la entrega de dinero del Presupuesto Nacional. Es lo que llaman Programa de Solidaridad y que ha devenido en el plan más descarado de clientelismo político partidista en la historia nacional. Inicio así, la continuación de este blog, en el que pretendo mantener informado a quienes se me acerquen, según mi punto de vista, sobre lo que son estos comicios dominicanos y la encerrona hacia la que nos están conduciendo.
Estos tres artículos son el inicio.
Los perros de San BernardoPor Juan Manuel García
¿Qué está pasando con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y su candidato de ocasión, el señor Miguel Vargas Maldonado?
Un reciente artículo “especial” de Bernardo Vega, difundido con tanto impulso como para que no quedara un solo no indigente votante sin verlo, buscaba justificar los números de las encuestas, a los encuestadores y a quienes pagan las encuestas. Eso, en primer lugar.
En segundo lugar, trató de explicar lo que según todas las encuestas, los números de sus mediciones de muestras han estado reflejando: que Leonel Fernández ganará de calle las próximas elecciones generales del 16 de mayo del corriente año, en la primera vuelta. Como también, que Miguel Vargas Maldonado, el candidato más fuerte de la oposición, según los números y porcentajes de esas mismas mediciones, ha estado todo el tiempo, hace años, abajo, aunque en segundo lugar. Y que es “muy improbable que pueda ganarle a Fernández, ni siquiera en una segunda vuelta”.
La dirigencia de la campaña del PRD y de Vargas Maldonado no lo entienden así. No creen en los números de esas encuestas. Y por lo tanto, tales mediciones, que según los encuestadores no servirían más que para instrumentar métodos de trabajo, no tienen valor alguno para los directivos perredeístas de campaña.
Siempre he entendido que las encuestas que nos presentan al público y sus resultados sólo responden al interés de quien las paga. Es quien paga el que dice el tipo de muestra que quiere y cuáles objetivos y detalles quiere terminar averiguando. Un periódico paga, por ejemplo, para que el encuestador le averigüe datos que sean noticia, que interesen a los lectores, que le permitan tener éxito con su negocio que es la venta de información. Y eso no es pecado. La encuesta responderá a un número determinado de preguntas y cuestiones, con una orientación determinada. Si el método usado es correcto, los resultados serán correctos, acordes con lo que se quería.
Vega dice que según los números de las encuestas que sustentan su artículo, “el voto a favor de Vargas Maldonado, 30%-35%, refleja más o menos la misma proporción de votos que sacó Hipólito Mejía en las elecciones del 2004.” Y entiende, como mucha gente sabe, que esos números son iguales “al voto duro perredeísta”, de todos los tiempos. “Pues Vargas Maldonado no ha logrado ganarse a los independientes, a los reformistas, o a los peledeístas disgustados”.
Yo agregaría que a quienes están cercando a Vargas Maldonado y definiendo sus tácticas y estrategias de campaña, no propiamente a Vargas Maldonado, también les ha sido difícil atraerse a un montón de gente que siempre ha estado junto al PRD en los momentos difíciles. Al margen de una serie de contradicciones que subsisten a lo interno de la campaña perredeísta, propias para otro tipo de análisis, ciertamente, mucha gente ha estado buscando una puerta por donde entrar a favor de Vargas Maldonado. Pero no la encuentra. Y dentro del PRD, también hay mucha gente que ha deseado sumarse, pero encontró que otro estaba en su lugar y no pudo hacerle sitio. Estoy hablando en pasado, porque Vega dice que todavía tienen tiempo, pero también acota que muy poco y que se acaba.
El padroncillo de 20 y los perros de San BernardoPor Juan Manuel García
Los números del más reciente análisis de Bernardo Vega y las encuestas sobre preferencia electoral son nutridos por un Gobierno y la reelección que saben lo que buscan. Les sobra dinero y les faltan escrúpulos para lograrlo.
Lo cierto es que todo el trabajo que desde el 2004 viene realizando el candidato de la reelección al frente del Gobierno se acoteja para mantener esas cifras: El reeleccionista Leonel Fernández obtuvo un 47.7%, lo que le otorga un crecimiento de un 4.4%, en relación con la encuesta anterior de la Gallop.
Y de ese total obtenido, la misma muestra distribuye los mayores porcentajes de preferencias para las mujeres (51.8%), los jóvenes (49.7%), la zona rural (47.9%), y la gente de menos ingresos, parte importante de los cuales son llamados ahora “indigentes” (47.5%).
Mientras Fernández se alza con esos porcentajes mayores, Miguel Vargas Maldonado y Amable Aristy Castro obtienen sus mejores porcentajes en la zona urbana, la clase media, los mayores de 50 años de edad, los hombres, los universitarios y los bachilleres.
Hay además, una peligrosa masa silente que no quiere revelar sus preferencias electorales, que bordea más del 40 %.
Un insolente decreto presidencial que lleva el número 707-07, con vigencia limitada hasta el 30 de mayo del presente año, ordena incluir los votantes más necesitados en los planes de ayuda monetaria mensual que apadrina el Gobierno, desde el 2004, por “el sólo hecho de haber sido afectados por los fenómenos Noel y Olga”.
Eso sí, el mismo decreto dispone que quienes califiquen por su extrema pobreza quedarán en el padroncillo de manera permanente para la ayuda.
Se trata de una manta de pescar pececillos amemados por el hambre y enrolarlos en un padroncillo fácil de conducir en paquetes de a 20 a las urnas el 16 de mayo de este año. Estamos hablando del llamado Programa Solidaridad y esa arma electoral asesina y terrible que conocemos como “el padroncillo de 20”.
Lo curioso es que para armar el Programa Solidaridad, del Gabinete de Coordinación de Políticas Sociales, ha contribuido militantemente la Junta Central Electoral (JCE), nuestro tribunal de comicios, otorgando actas de nacimiento y cédulas a todo quien le ha pedido ese Programa de Solidaridad, que como sabemos es administrado en el Palacio Nacional, sede del candidato a la reelección presidencial.
Que nadie piense que se trata de andar cargando urnas de un lado para otro, ni de alterar lista de votantes, ni de compra de delegados, ni de compra de votos que deben ser conservados en los bolsillos por el elector para luego entregarlos a quien se los paga. No. Esos métodos anticuados, viejos, fueron marginados por la cibernética y el modernismo. Todo será legal y con el padrón de la JCE. Lo dijo el secretario de Interior y Policía, jefe político y fiscalizador de la campaña por la reelección. Todo será técnicamente legal.
San Bernardo, ruega por los pobresPor Juan Manuel García
Desde el 2004, el denominado Programa Solidaridad y su alfombra Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN), han sido gradualmente estructurados y reestructurados para adecuarlos.
En el mismo toman parte activa todos los miembros del Comando de Campaña por la Reelección: la Vicepresidencia de la República, las Secretarías de Salud Publica, Educación, Industria y Comercio, y hasta la Sociedad Civil. Es una dependencia de la Presidencia de la República que se nutre cada vez con mayores cifras del Presupuesto Nacional, a través de la Secretaría Administrativa de la Presidencia, alimentando una Administradora de Subsidios Sociales, teniendo a su servicio al Secretario Técnico y la Oficina Nacional de Estadística
Las cifras de ese Comando, acumuladas desde el 2004, refieren para esa echa unas 400 mil mujeres cobrando en ese Programa. Además, un millón de indigentes o pobres extremos, según una encuesta de pobreza realizada en el 2001 (aplíquele el porcentaje de incremento de pobreza durante los últimos siete años y tendrá más o menos 1.5 millones de indigentes). La suma de ambas cifras es la meta del Programa.
En mayo del 2007, Fernando Reyes, uno de los jefes del Programa Solidaridad lo dijo con franqueza y añadió que se les estaba sacando el acta de nacimiento y su cédula a todos los que no la tenían, para entregarles 550 pesos mensuales liquidados cada dos meses, más 300 pesos la familia de uno o dos hijos menores, 450 pesos quienes tengan 3 hijos, 600 pesos quienes tengan 4 hijos, o más. Es decir que la suma mensual a facilitar sería de 1,150 pesos mensuales, o sea, 2,300 pesos cada dos meses, para todo quien esté incluido en ese padroncillo de beneficencia clientelista y electoral.
Ya en noviembre del 2006 tenían enrolados unos 500 mil solidarios. En junio y julio del 2007 reportaron 243 mil nuevos solidarios y a noviembre de ese año, 87 mil nuevos tarjetahabientes. Debemos andar por los 2 millones de solidarios con tarjetas, sobretodo, después del insolente decreto 707-707.
Debe de haber unos dos millones de mujeres, jóvenes, campesinos e indigentes de toda índole incluidos en la lista de los que son servidos con ventas de alimentos en decenas de miles de comercios que hacen negocios con esas tarjetas de Solidaridad.
Franklin Almeyda acaba de afirmar que trabaja para ubicar y conocer a cada votante que el 16 de mayo sufrague por Leonel Fernández. Para ello disponen de 275 mil padroncillos de 20 electores hábiles que conforman 5 millones y medio de ciudadanos cedulados. El procedimiento, según palabras de Almeyda, permitirá al PLD “saber con puntual exactitud el 67% de que dispondrá ese partido” en la primera vuelta.
La tradición del PLD ha sido que a los peledeístas que trabajan con los electores bajo su guarda se les entrega el padroncillo previamente confeccionado.
Quien no quiera ver la exactitud de los números de la encuesta Gallop, en el marco del Programa Solidaridad y el padroncillo de 20 que no la vea. No hay peor ciego que quien no quiere ver. Quienes se han estado preguntando por qué el candidato de la reelección mantiene sus números, también podrían tener una respuesta correcta, si Bernardo Vega hubiese dicho que éste también mantiene su voto duro, pero ahora, inflado y precisado por el padroncillo y el Programa de Solidaridad.