jueves, 7 de diciembre de 2006

Un Papa Exitoso en base a talento


Las tres religiones monoteístas, Judaísmo (la más antígua y hoy, la menos numerosa en público) que dio origen al Cristianismo y también al Islamismo, coinciden en el reconocimiento de Abraham (antes Abram) como profeta superior. Abraham nació en territorio de lo que es hoy Turquía y murió en Israel, este último lugar, cuna del Judaísmo.El próximo viaje del Papa Benedicto XVI tiene como destino a Turquía. Pocas semanas antes de viajar a Turquía, también sede de numerosos grupos de los que desde el Vaticano, en Roma, denominan Hermanos Separados.La Iglesia Católica, y en esto se llevó las palmas el anterior Papa Juan Pablo II, ha insistido en la necesidad de un diálogo en busca de la unidad interreligiosa del Judaísmo, del Cristianismo y del Islamismo.Es en esta perspectiva que Benedicto XVI, el teólogo del dogma, ha difundido su discurso académico generador de tremenda alharaca mediática, en Alemania. Y ha logrado un objetivo fundamental con el mismo: suscitar una discusión mundial sobre la que debe ser la más idónea metodología de expansión religiosa y si es preciso que la violencia sea el arma determinante para imponer la fe en Dios.Los judaístas, como una consecuencia del devenir histórico, en la actualidad están enfrascados en una lucha de tintes religiosos frente a los islamistas y en ese derrotero han arrastrado a todo Occidente. Y con su discurso, Benedicto XVI los ha encarado a ambos, aunque mediante una alusión tangencial que aparenta directamente dirigida a los islamistas.Resulta, sin embargo, que en nombre de la religión el imperio más poderoso del mundo en la actualidad, que dice actuar en representación del cristianismo, hace violencia contra islamistas y se apoya en los judaístas.No es posible imponer la fe con instrumentación de la guerra. Está dicho, no sólo para los islamistas, sino también para el judaísmo, pero sobretodo, para los cristianos y más aún, para los católicos. Y con esta premisa como base es que debemos continuar el diálogo que tanto motivaba a Juan Pablo II.